viernes, 31 de marzo de 2017

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Análisis del primer round en la OEA: siete claves esenciales

Pocas veces un país en América Latina ha sido tan atacado como Venezuela en estos últimos años. Compararla con Cuba no sería desacertado, ni tampoco escondería el hecho de que la última reunión de la OEA escenificaba lo que esta isla sufrió décadas atrás. Ahora estas reuniones pueden verse en vivo y una menor cantidad de detalles escapan de las cámaras. Misión Verdad analiza siete claves provisorias sobre lo que intentó ser un antes y un después, que no fue.


1. Calentamiento y sparring
De entrada es imposible obviar la inmensa cantidad de recursos políticos, mediáticos y financieros puestos en la reunión realizada el 28 de marzo. Entre los preparativos más visibles para potenciar la agenda de quiebre contra Venezuela desde la OEA, se encuentran las reuniones del secretario general de la OEA, Luis Almagro, con altos funcionarios del Parlamento Europeo, Mariano Rajoy (jefe del gobierno español) y representantes de importantes lobbys empresariales, concentrados en el Instituto Americano de la Empresa, financiado por Exxon Mobil y otras corporaciones.
Pero las maniobras de presión internacional que no protagonizó Luis Almagro directamente fueron complementadas por informes y declaraciones del Departamento de Estado y los contactos telefónicos de Donald Trump con varios presidentes de la región para abordar la cuestión venezolana, demostrando su vinculación y trabajo conjunto. Todos movimientos que iban, principalmente, en dos direcciones: generar un clima de credibilidad para la agenda capitaneada por Luis Almagro y mostrar cuánto músculo empresarial y diplomático está alineado contra Venezuela.

2. Bajó la marea y las expectativas de acuerdo al enfoque inicial
Lo que empezó el 14 de marzo (fecha de publicación del informe Almagro) con una clara inyección de expectativas sobre la aplicación de la Carta Democrática y la expulsión de Venezuela de la OEA en las primeras de cambio, fue bajando de intensidad a medida que la política real iba moviéndose. Los reacomodos en la región y la imposibilidad de llevar rápidamente las acciones propuestas por Luis Almagro hasta sus últimas consecuencias ocasionó el agrupamiento de 14 países en un comunicado exigiendo la liberación de "presos políticos" y un "cronograma electoral". El orden del día de la reunión fue, finalmente, la "Consideración de la situación en la República Bolivariana de Venezuela", que no conllevaba automáticamente a un antes y un después sobre las actuaciones a tomar con respecto a Venezuela, como fue planteado en la gira de Almagro. Ni su informe, ni la aplicación de la Carta Democrática, como tampoco la posibilidad de expulsar a Venezuela, fueron el centro de la reunión.
El hecho, sin embargo, denota dos situaciones que se desarrollan en paralelo: primero que Almagro sigue sin poder llevar a cabo el plan de nocaut fulminante contra Venezuela; el segundo, los aliados comprometidos con el lobby antivenezolano que hace vida en Estados Unidos no dará marcha atrás para acercarse al primer objetivo bajo mecanismos alternos de presión, sea bajo la excusa de "apoyar el diálogo" o por la vía directa de las agresiones financieras.
Venezuela gana el primer asalto, y eso sin duda, más que apaciguar los escenarios de conflicto, tenderá a acelerar los reacomodos y las posturas a tomar por parte de sus enemigos más frontales. Las corporaciones (ya descritas por Misión Verdad con anterioridad) que han sostenido financieramente esta agenda política y diplomática a través de Luis Almagro, buscarán rearmarse para un mejor escenario donde puedan tomar ventaja, debido al fracaso de este primer asalto. Este es sólo el principio.

3. Países salvajemente agredidos por Estados Unidos no responden a las amenazas de Marco Rubio
Uno de los aspectos más importantes que habitó buena parte de la reunión se encontraba en la amenaza del senador estadounidense Marco Rubio contra Haití, El Salvador y República Dominicana para que acompañaran la aplicación de la Carta Democrática contra el país (aunque ese tema no entraba en consideración del orden del día), de lo contrario perderían las ayudas económicas de Estados Unidos. Entre otras cosas la amenaza fue el momento clave para medir la efectividad de los mecanismos de extorsión y chantaje del lobby antivenezolano en la región y específicamente en los países más vulnerables a estas extorsiones. Apelando a la memoria y a sus heridas en común, estos tres países no acataron el chantaje de Marco Rubio y mostraron una postura favorable al país y a la mesa de diálogo impulsada por el gobierno nacional para disminuir la presión de la coyuntura política. En cambio, países más grandes mostraron una postura totalmente adversa, escenificando su posición arrodillada ante estos intereses. Marco Rubio también atestiguó una derrota política y personal durante la jornada.
Todo el trabajo en torno a Almagro terminó en una reunión sin decisión
Valga la oportunidad de recordar que Haití fue invadido y ocupado varias veces por Estados Unidos durante todo el siglo XX, que la intervención de la administración Reagan en el conflicto salvadoreño dejó miles de muertos inocentes y que República Dominicana fue invadido militarmente en 1965 (con el aval de la OEA) por Estados Unidos.
Y cuando hablamos de Marco Rubio no nos referimos a cualquier senador de Estados Unidos, sino a quien en 2014 impulsó un proyecto de sanciones contra Venezuela, financiado por la petrolera Chevron. Quien acusó sin pruebas sólidas al vicepresidente Tareck El Aissami de tener relaciones con factores "terroristas" en Medio Oriente. Quien cabildeó para que Lilian Tintori se fotografiara con Donald Trump. Y quien ha realizado múltiples gestiones para elevar a un nivel cada vez más agresivo las sanciones contra Venezuela desde Estados Unidos, fomentando así su aislamiento y demonización internacional, en apoyo a los factores ultra del antichavismo, que buscan en esa cobertura legitimar sus operaciones de desestabilización interna.

4. La ilegalidad y el fracaso de la reunión como estaba planteada. Almagro fue una postal 
A partir de estas claves bien podríamos medir los costos y beneficios de esta reunión. Sobre todo si tenemos en cuenta que se pensaba ser convocada para analizar la reactualización del informe de Almagro sobre su pedido de aplicación de la Carta Democrática, tal cual fue propagandizado por medios internacionales y la ultra local. Sin embargo, esta convocatoria se dio luego de que 14 países, dirigidos por Estados Unidos, emitieran un comunicado exigiendo la "liberación de presos políticos, reconocimiento a la Asamblea Nacional y un calendario electoral".
Y posteriormente se armara un grupo de 20 países para llamar a esta reunión del Consejo Permanente para tratar el conflicto político en Venezuela, obviando que cualquier tipo de convocatoria del Consejo Permanente relacionada a un país no puede realizarse sin su consentimiento (a no ser que existan pruebas de golpe de Estado).
De esta forma se desconoció de facto la institucionalidad venezolana. Sin embargo, la diferencia de criterios puesta en evidencia en toda la reunión no les permitió ni siquiera aprobar un comunicado en el que estos 20 países expresaran su "apoyo al Estado de Derecho y la democracia en Venezuela en el marco de su Constitución". En tal sentido, es un dato más que revelador que Luis Almagro fuese escasamente mencionado, y que la única propuesta de consenso generada en la reunióm fuese presentada sin éxito. Sin contener, vale recalcar, las expresiones de mayor beligerancia contra el país descritas en comunicado inicial de los 14 países dirigidos por Estados Unidos.
Por segundo año consecutivo Luis Almagro no fue protagonista del punto clímax de la agenda que dirigió. Todo el trabajo de cabildeo y financiamiento terminó en una reunión sin decisión.

5. El tema del diálogo: huir por la tangente y revitalizar el papel negociador de Estados Unidos
El pedido, por otro lado, de respetar los acuerdos de la mesa de diálogo auspiciada por la Unasur y El Vaticano muestra varias cuestiones que sirven para entender la naturaleza del fracaso de la reunión. En primer lugar la invisibilización del organismo a cargo de esta instancia, la Unasur, y en un segundo momento, la estrategia de desinformación en torno a los acuerdos, los cuales no hablan ni de presos políticos, ni de cronograma electoral, ni de reconocer a la Asamblea Nacional previo a solucionar su desacato ante el TSJ. Todas las exigencias realizadas desde la OEA para que el diálogo muestre resultados o bien para dictaminar que fracasó como método, están basados en premisas falsas sobre su constitución y primeros acuerdos alcanzados.
"Venezuela necesita tanto a la OEA como México al muro con EEUU"
Esta maniobra discursiva bien puede explicar por qué esta reunión pretendió ser la puesta en escena de lo que Estados Unidos denominó como "grupo de amigos" de Venezuela. Una iniciativa que a partir de la OEA y bajo la aparente dirección de México se busque avanzar en el cumplimiento de acuerdos específicos, bajo la fiscalización de reuniones periódicas sobre su evolución desde el seno del Consejo Permanente. Con esta propuesta buscan, principalmente, desplazar a Unasur como colaborador de la mesa de diálogo y abrir una etapa de tutelaje desde la OEA sobre el acontecer político venezolano, con arreglo a las expectativas de cambio político de Estados Unidos a favor de sus aliados locales. Esta estrategia podría ser el sustituto ideal para compensar las expectativas de golpe final iniciadas por Luis Almagro con su informe, intentando vías alternas de presión política y económica que se traduzcan en el mismo fin: estimular las condiciones internacionales para legitimar una resolución violenta y no constitucional del conflicto político venezolano, bien sea por la vía de la agresión financiera o por el desplazamiento del Estado venezolano como único interlocutor válido para aproximarse a la cuestión venezolana. 
Claro está que para eso los gobiernos de la coalición definitivamente deberían parecer como países imparciales respecto al conflicto, y presentarse como colaboradores desinteresados de Venezuela. Sin embargo, esta imagen quedó enterrada cuando el representante alterno de Venezuela en la OEA, Samuel Moncada, respondió a cada una de las argumentaciones de México, Brasil, Canadá y Colombia poniendo un espejo sobre las propias contradicciones de cada uno de ellos, ubicándolos como aliados fundamentales de Estados Unidos en la esfera política, diplomática y económica.

6. Un embajador asediado pone en vilo a los aliados de Estados Unidos
Cuando Samuel Moncada comenzó a decir las evidentes verdades sobre Brasil, México y Colombia, inmediatamente se negó su derecho de palabra. Estas delegaciones rápidamente respondieron agrediendo al embajador y exigiendo un respeto que no practicaron nunca durante la reunión. No faltaron las actuaciones infantiles como la amenaza de levantar la reunión por parte del embajador mexicano, si Moncada continuaba afirmando que el gobierno de Brasil no era producto de un golpe de Estado y que Colombia debía combatir el narcotráfico para ayudar a los venezolanos.
Paradójicamente se dedicaron horas a golpear a Venezuela como una pera de boxeo y sólo cuando ésta ejerció su derecho a réplica apelaron a la desmemoria de todo lo dicho y comentado durante la reunión. Esto desmitificó, por la vía dura de los hechos, el relato de que mencionados países estaban interesados en ayudar a Venezuela. Escenificaron a plenitud la imagen de la vieja OEA que Estados Unidos no quería mostrar: una institución en función de sus intereses que interviene en países soberanos cuando no aceptan la hegemonía de sus corporaciones.
Y he allí otro dato político de fondo: un sólo embajador, en tan sólo cinco minutos, rompió la estabilidad de una reunión basada en la complacencia y las medias verdades. Poniendo de manifiesto cómo estos países indignados no soportan un centímetro de verdad y cómo la OEA no está capacitada para realizar un debate de fondo sobre las problemáticas regionales y las consecuencias generadas por las actuaciones de las transnacionales. Lo que ellos asumieron como un irrespeto no es más que la aplicación al detalle de la escuela Hugo Chávez: la crítica sobre la realidad, la discusión sin poses, sin formalismos, sin verbo complaciente, rompiendo los protocolos establecidos por la democracia representativa, tanto aquí como en el extranjero.

7. Elementos a considerar
Quizás la frase que más ejemplifica este escenario es aquella en la que Samuel Moncada afirmó: "Venezuela necesita tanto a la OEA como México al muro con Estados Unidos". No por su precisión, sino porque este episodio aún no ha sido tratado en el organismo. Justamente es el representante de México en la OEA, Luis de Alba, quien afirmó que van a presentar un proyecto de resolución sobre Venezuela para intentar voltear las condiciones políticas actuales a favor del antichavismo. Asegurando de forma frontal lo que las agresiones contra el país van a continuar para buscar imponerle requisitos para la solución de sus problemas internos.
Ya no sólo se trata de la audacia y la habilidad de Venezuela para contrarrestar las ofensivas en su contra, sino del hecho cierto de que ninguna de estas iniciativas presentadas por la OEA será aceptada por el gobierno venezolano por ser un organismo que irrespeta constantemente la soberanía del país. Ante esta negación, la estrategia podría acelararse y derivar en el encubrimiento de agresiones mucho más pesadas contra el país, en el orden económico, financiero y diplomático, bajo la fachada de la Carta Democrática o desde bloques de países.
Por este motivo el presidente Nicolás Maduro, adelantándose a ese escenario, pone en el debate la pertinencia o no de que Venezuela continúe en ese organismo, cuando su único objetivo visible es buscar una salida traumática a la coyuntura política venezolana, distribuyendo el peso de este proceso sobre el estómago y la vida de todos los venezolanos. Ese antes y después que no fue, no descansará, y menos luego de perder el primer asalto. O el segundo, porque el año pasado también pegamos primero.


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