miércoles, 23 de junio de 2021

Investigación de Telesur: ONG’s, las nuevas caras de la invasión de América Latina

RedH Argentina   -   21/06/2021

Por equipo de Telesur

 USAID, NED, NDI, IRI.  Todas instituciones con diferentes nombres, pero un mismo fin. Para Estados Unidos esas organizaciones “no gubernamentales” cumplen la labor casi mesiánica de expandir su democracia por el resto del mundo. Para América Latina supone abrir la puerta a la desestabilización financiada del orden político y de su autonomía.


Desde 1999 Estados Unidos perdió su posición privilegiada respecto a América Latina. La Revolución Bolivariana inició en Venezuela, pero expandió por la región el valor de la soberanía que parecía perdido, y junto a ella surgieron bloques de integración que excluían a Occidente, como ALBA, CELAC y Unasur.

El bloqueo económico contra Cuba, la depuración de “comunistas” mediante el Plan Cóndor y otras agresiones históricas contra América Latina evolucionaron en su forma. Ahora con un manto de altruismo, las organizaciones estadounidenses hacen que su intervención en los asuntos propios de cada Estado pase inadvertida.

El cambio climático, desastres naturales, defensa de los derechos humanos, impulso a la educación y fortalecimiento de la democracia son los temas más usados por las ONG de Estados Unidos, el país que tiene más de 800 bases militares desplegadas por los cinco continentes, para justificar golpes de Estado y la promoción del modelo neoliberal del libre mercado.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, denunció una invasión de ONG en América Latina. Entre 2002 y 2012 las ONG ampliaron su presencia en el continente; solo en Venezuela la USAID y la NED invirtieron más de 100 millones de dólares durante ese período con el objetivo de auspiciar a grupos de oposición y crear 300 nuevas organizaciones.

En 2012, unas 26 ONG extranjeras en Ecuador debieron cesar las actividades tras comprobarse la falta de transparencia en sus procesos. La falta de transparencia radica principalmente en que las ONG se autoproclaman como representantes de la llamada “sociedad civil”, pero actúan como partidos políticos sin responsabilidad política. Se autodenominan “no gubernamentales”, pero están al servicio de gobiernos extranjeros.

Uno de los casos más representativos en la región es el de Súmate en Venezuela, donde la ONG actuó directamente en el golpe de Estado de 2002. Súmate, apoyada por la NED, es un instrumento político-electoral fundado por la exdiputada opositora María Corina Machado, quien en 2002 firmó el decreto del golpista Pedro Carmona Estanga para disolver las instituciones del Estado.

Entrevista de Telsur a Silvina María Romero, investigadora del CELAG y del Consejo Nacional de Investigaciones científicas y técnicas

P: ¿Cuál es el objetivo que unifica a organizaciones como USAID, NED, IRI y NDI?

R: Los organismos no gubernamentales comienzan a visibilizarse a partir de 1980 y con más ahínco en 1990, la década perdida de América Latina. Quedó un vacío en lo que atendía el Estado, que fue reemplazado por la lógica del mercado. Ese espacio fue ocupado por las ONG.

Las ONG plantean que son del “tercer sector”. Se supone que no tienen ningún vínculo con lo público, son autónomas. Si vemos cómo operan, notamos que no existe tal autonomía o autarquía, por el financiamiento de donde provienen los fondos que las auspician. Es importante decir que no son todas, pero muchas y las más importantes reciben financiamiento de fundaciones.

Un buen ejemplo es la Fundación Ford, que no financia directamente a una ONG. Los fondos llegan a través de otras fundaciones y luego a estas ONG.

Las ONG se dedican a tareas de “asistencia para el desarrollo”; cubrir necesidades de educación, de disminución de la pobreza… Al ser financiadas por entes de otros Estados, en este caso Estados Unidos, queda la duda de qué tipo de autonomía estamos hablando, ¿o están respondiendo a intereses vinculados a quienes lo financian?.

Las ONG operan desde un lugar donde se hace trabajo de ayuda sin ningún vínculo con partidos políticos o derecha e izquierda, desde un lugar de “solidaridad y buena voluntad”… Así reclutan a mucha gente y atienden a muchos sectores.

Pueden llegar a reemplazar la labor del Estado en cuanto al acceso de vida digna. Ejemplo: Guatemala, uno de los países más pobres del continente y con la mortalidad infantil más alta, después de Haití.  Allí operan ONG que tienen como objetivo aparente cubrir esta necesidad.

¿Por qué los niños guatemaltecos deben depender de la voluntad de una ONG o de la gente que los financia? ¿O debe ser el Estado que se ocupe de garantizar la vida digna de los ciudadanos?

Hay que rastrear con mucho cuidado en qué territorios están y con quiénes trabajan. Caso Bolivia, Venezuela, entre otros… Tienden a operar para promover la desestabilización, para quebrar el estado progresista donde el Estado (o Gobierno) provee a las mayorías.

No se discute la buena voluntad, sino el sistema de fondo y la reproducción de un sistema desigual. Se tiende a no discutir las bases que generan la desigualdad del sistema y por qué no se distribuye la riqueza, que es lo que estados progresistas han intentado hacer.

P: ¿Estados Unidos encontró en las ONG un método de invasión menos violenta que, por ejemplo, el Plan Cóndor?

R: La estrategia del departamento de Estado de EE.UU. era defensa, desarrollo y diplomacia… Una estrategia armada para operar con el poder blando, de manera que no necesitan intervenir militarmente, sino lograr que los países se conviertan en aliados… Obama con ese discurso ganó popularidad internacional.

No era enfrentarse a América Latina, sino que la región se apegara al modelo estadounidense y a la asistencia para el desarrollo, que incluía educación, agricultura, entre otras áreas. En ese momento empieza a operar la Usaid, que tenía también como objetivo entrenar a policías en la contrainsurgencia.

El poder blando siempre está amparado por un poder duro y por la posibilidad de intervenir, que se puede aplicar permanentemente.

P: ¿Por qué América Latina?

R: Por cuestiones geopolíticas de acceso a los recursos. Existen documentos en que las Fuerzas Armadas estadounidenses muestran la necesidad de consolidar el rol de EE.UU. como garante de la seguridad y su acceso a materias primas y recursos naturales, en virtud de lo que ya se veía venir, como la “guerra contra el comunismo”.

Todos los estados que obstaculizaran el acceso a esos recursos serían atacados como Guatemala en 1954. Independientemente de la ideología, la prioridad para Estados Unidos es el acceso al petróleo y los mercados, impulsado en parte por la penetración de transnacionales en América Latina.

Usaid

Documentos filtrados por WikiLeaks revelan que la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid por su sigla en inglés) entregó entre 2004 y 2006 unos 15 millones de dólares a 300 “organizaciones civiles” en Venezuela, en el marco de los derechos humanos y educación.

El informe filtrado fue emitido por el consejero político de la embajada de EE.UU. en Caracas, Robert Downes, y describe los puntos estratégicos delimitados en ese período contra el Gobierno de Venezuela.

Los puntos estratégicos fueron fortalecer las instituciones democráticas; penetrar la base política del presidente Hugo Chávez; dividir al chavismo; proteger los negocios vitales de EE.UU., y aislar internacionalmente al mandatario.

Los cables también revelan que la Oficina de Iniciativas de Transición (OTI) de la Usaid, fundada en 1961, impulsó 34 nuevas ONG y creó programas para generar descontento en cuanto a la gestión gubernamental, como servicios básicos, entre otros.

El golpe del 11 de abril de 2002 

dejó 19 venezolanos muertos. (Foto: AVN)


Telegramas transmitidos por el exembajador de EE.UU. en Venezuela, William Brownfield, filtrados por WikiLeaks en 2013, muestran su respaldo a grupos de oposición en Venezuela y el financiamiento que reciben ONG en el país suramericano por parte del Gobierno estadounidense.

Las vías del financiamiento, según los documentos filtrados, serían el organismo oficial para el desarrollo Usaid y la OTI. Este operativo incluyó a “más de 300 organizaciones de la sociedad civil venezolana”, desde defensores de los discapacitados hasta programas educativos.

El primer ataque contundente contra la Revolución Bolivariana, que evidenció la injerencia contemporánea de Estados Unidos en la región, fue el golpe de Estado en Venezuela en 2002 contra el presidente Chávez, que dejó 19 muertos y conllevó a un paro petrolero que desestabilizó política, social y económicamente al país.

Venezuela presentó una denuncia ante la Organización de Estados Americanos (OEA) con documentos que muestran la intervención de Estados Unidos en el golpe de 2002. Entre otras pruebas, el Gobierno nacional señaló que funcionarios del Departamento de Estado de EE.UU. hicieron un intenso lobby político para justificar el golpe en Caracas.

Mediante la denuncia, Venezuela destacó la reunión entre el embajador estadounidense Charles Chapiro y el golpista Pedro Carmona Estanga, en días cercanos a la deposición del presidente Chávez.

La Usaid salió de Ecuador en 2014, después que el presidente Rafael Correa les diera el ultimátum: “Vamos a evaluar el rol de la Usaid, a poner líneas de acción muy claras, y si no las quieren cumplir, que les vaya bonito, vayan a ayudar no más a otros países”.

Correa acusó a la Usaid de destinar 4,3 millones de dólares a un Proyecto de Fortalecimiento Democrático, mientras que buscaba desestabilizar a gobiernos electos democráticamente.

El presupuesto de la Usaid en Ecuador superaba para 2010 los 38 millones de dólares, invertidos principalmente en la “descentralización”. Ese escenario se suscitó paralelo a la entrada de Ecuador al ALBA y su alianza socioeconómica con Venezuela y Bolivia.

Durante el golpe del 30 de septiembre de 2010, el grupo Pachakutik, financiado por la Usaid y NED, fijaron posición en respaldo a los golpistas y responsabilizaron al presidente Correa –quien fue secuestrado– de las víctimas del golpe, 11 muertos y 274 heridos.



El presidente de Ecuador, Rafael Correa, se dirigió a sus partidarios desde el balcón del Palacio de Gobierno el 30 de septiembre de 2010 tras ser secuestrado. (Foto: EFE)


Casi todos los grupos involucrados en ese intento de golpe tenían vínculos con agencias estadounidenses. Desde el expresidente Lucio Gutiérrez, quien había pedido ayuda de Washington para “salir” del mandatario, hasta los sectores policiales que recibían entrenamiento en intercambios con Occidente.

“¡Se va Usaid de Bolivia!”, sentenció el presidente Evo Morales en 2013 tras acusar al organismo de conspirar contra su Gobierno. La embajada de Estados Unidos en Bolivia indicó que en 50 años la Usaid gastó 2 mil millones de dólares “en cooperación” de salud, educación, agricultura, seguridad alimentaria, desarrollo alternativo, desarrollo económico y medio ambiente.

Tras la expulsión de la Usaid, Estados Unidos decidió a inicios de 2014 retirar la cooperación económica para proyectos sociales que sostenía en Bolivia.

Medios en conjunto publicaron en 2014 una investigación en la que se revela que entre 2005 y 2006, la Usaid reorientó más de 75 por ciento de sus inversiones a grupos separatistas, que tenían por objetivo socavar el Gobierno de Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia.

Solo en 2007, el presupuesto de la Usaid en ese país andino llegó a casi 120 millones de dólares y con ello se financiaron acciones de grupos opositores, según denunció el Gobierno.

Instituto Republicano Internacional (IRI)

El IRI se autodefine como la herramienta para hacer posible la defensa civil y capacitar a futuros líderes democráticos para abordar los temas más controversiales de su país. Es una organización estadounidense no gubernamental de ideología conservadora y asociada al Partido Republicano.

Algunos de los principales logros que ostenta el IRI en su sitio web son: Ucrania, donde un golpe de Estado en 2014 dejó cientos de muertos y una crisis político-social por los dos años siguientes; Túnez, país donde inició la denominada “Primavera Árabe” orquestada desde Occidente, después del derrocamiento del presidente en 2011 le abrió la puerta al terrorismo.



El Instituto Republicano Internacional  (IRI) nació en 1983 de la mano del presidente Ronald Reagan, quien ante el parlamento europeo reclamaba en 1982 la necesaria creación de un “think tank” que desarrollara una “cruzada por la libertad”. (Foto: EFE)

El IRI forma parte del proyecto Cuba de Occidente. Documentos filtrados revelaron que IRI envió agentes encubiertos a la isla con dinero, cámaras digitales, dvd, laptops, teléfonos celulares, discos externos y otras herramientas para alimentar la contrarrevolución.

El Gobierno boliviano acusó en 2015 a tres institutos estadounidenses, vinculados con los partidos Republicano y Demócrata, de actuar en Bolivia a través de terceros con “empresas fachada” que supuestamente fomentan “formas de subversión”.

El exministro boliviano de Gobierno (Interior), Hugo Moldiz, acusó a Estados Unidos de mantener “una política de permanente injerencia en los asuntos latinoamericanos” y de actuar en Bolivia “con el desarrollo abierto de formas de subversión”.

Ese año, el presidente boliviano, Evo Morales, acusó de conspiración al embajador estadounidense, Philip Goldberg. Washington respondió con la expulsión del embajador boliviano, Gustavo Guzmán.

Morales también expulsó en 2008 a la Administración para el Control de Drogas (DEA, por su sigla en inglés), también acusada de conspiración.

Instituto Nacional Demócrata (NDI)

El Instituto Nacional Demócrata para Asuntos Internacionales (NDI por su sigla en inglés) tiene oficinas en cerca de 50 países para “promover y fortalecer la democracia”, según su autodefinición.

El Gobierno boliviano denunció que Estados Unidos orquestó una campaña contra la reelección del presidente Evo Morales, mediante el apoyo a la opción del No -que resultó ganadora- en el referendo del pasado 21 de febrero, que consultaba la postulación del mandatario para un nuevo período.

Morales señaló que el director del NDI en Bolivia, Víctor Hugo Rojas, viajó en varias ocasiones desde Lima a La Paz para reunirse con la dirigencia opositora que promovía el No, la opción ganadora.

Sobre el caso Venezuela, la abogada y articulista Eva Golinger señaló para RT que el financiamiento de Estados Unidos al antichavismo -cita la cifra de 100 millones de dólares entre 2002 y 2011- ha servido para hacer actos proselitistas de la oposición en Venezuela y afianzar las campañas mediáticas contra la Revolución Bolivariana. Identificó al NDI como uno de los núcleos de financiamiento.


NED

La Fundación Nacional para la Democracia (NED por su sigla en inglés) se fortaleció como canal de financiamiento en Ecuador y durante 2013 aportó un millón 032 mil 225 dólares a diferentes grupos y proyectos en función a debilitar la gestión del presidente Correa. De esos fondos, 65 mil dólares fueron dados a grupos de derecha para contrarrestar la propaganda del partido gobernante Alianza País, de cara a las elecciones seccionales en febrero de 2014.

Más de 200 mil dólares fueron inyectados desde la NED a la influencia directa sobre leyes y debates en la Asamblea Nacional de Ecuador. Otros 157 mil 896 dólares se entregaron a una ONG para “alentar el liderazgo juvenil, los valores democráticos y el espíritu empresarial”.

Entre las acciones de la NED se encuentra el uso de jóvenes para intentar debilitar el ánimo de las fuerzas de seguridad y lograr la sumisión de las naciones ante el imperialismo.

La NED ha apoyado a partidos políticos de la oposición venezolana, entre ellos, Primero Justicia, Acción Democrática, Copei, Movimiento al Socialismo (MAS) y Proyecto Venezuela.

El plan de financiamiento otorgado por la NED a estos grupos en 2002 -año en que se llevó a cabo el golpe de estado en Venezuela- superó los 2 millones 103 mil 200 dólares. La oficina de Asuntos globales del Departamento de Estado destinó un millón de dólares el mismo año del golpe para expandir y fortalecer los programas de la NED.

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