lunes, 14 de enero de 2019

La derecha y el engendro del Grupo de Lima

Por Oscar Laborde - Diputado del Parlasur (Tiempo Argentino)
13 de Enero de 2019

Maduro asume un nuevo período en la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, producto de una elección que se desarrolló luego de las conversaciones en la Mesa del Dialogo de República Dominicana. En esa instancia 20 partidos de la oposición, el oficialismo y varios observadores internacionales, entre los que se
destacaban el presidente dominicano Danilo Medina y el exmandatario español José Luis Rodriguez Zapatero habían llegado a un acuerdo, luego de largas  negociaciones donde todas las partes hicieron concesiones y depusieron las posiciones más extremas. Estaba todo listo para que se informe los puntos del acuerdo, cuando se produjo el llamado de Rex Tillerson, entonces secretario de Estado norteamericano, de visita en Bogota, a Julio Borges, jefe de la delegación opositora, y todo se paralizó.
Ni siquiera fue disimulada la orden para que se detenga el diálogo dada por EE UU, al contrario quisieron que sea pública y notoria y que se sepa quién era el verdadero jefe de los que se oponen al gobierno venezolano. Esta interrupción abrupta provocó la airada queja de Zapatero quien envió una carta a Borges donde le decía: "Después de trabajar sin descanso durante dos años por una convivencia pacífica, democrática, un gran acuerdo, de manera inesperada para mí, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición. Es por ello que le pido, pensando en la paz y la democracia, que su organización suscriba formalmente el acuerdo que le remito, una vez que el gobierno se ha comprometido a respetar escrupulosamente lo acordado".
Estaba claro para todos que EE UU y sus mandaderos en la oposición no querían diálogo pacificador, ni elecciones. Querían que siga el conflicto, y que con el tiempo se justifique una intervención. Por si quedaban dudas, para esa época el propio Donald Trump decía: "No voy a descartar la opción militar, es nuestro vecino y tenemos tropas por todo el mundo. Venezuela no está muy lejos".
A pesar de aquello una parte importante de la oposición decidió participar en las elecciones presidenciales. Los históricos partidos COPEI y MAS entre otros respaldaron la candidatura de Henri Falcón, quien fuera gobernador del estado de Zulia, además de otras expresiones políticas que llevaron sus propios candidatos.
Y ese es el gran problema que tienen los representantes de la  derecha venezolana, la división. Están divididos entre los que quieren participar en las elecciones y los que no. Están divididos, habiendo sido parte del proceso electoral, entre los que reconocen el resultado de las elecciones y los que no. Están divididos, habiendo ganado gobernaciones y municipios, entre los que aceptan jurar ante la Asamblea Constituyente y los que no. Están divididos entre los que quieren la intervención militar, y hasta la proponen, y los que no. En fin, están muy divididos.
Entonces quieren que de afuera se haga el trabajo que ellos no pueden: desplazar al gobierno bolivariano. Y para eso se creó el engendro autotitulado Grupo de Lima, que no tiene explicación desde lo geográfico, ni desde lo geopolítico, ni desde lo histórico, sólo junta a los que quieren voltear a Maduro. Para hacerlo más patético no lo integra EE UU, aun a sabiendas que es el verdadero titiritero. Grupo que nada dijo de la destitucion de Dilma Rousseff, ni de la proscripción de Manuel Zelaya y de Fernando Lugo en las últimas elecciones en Honduras y Paraguay, ni tampoco nada de la injusta condena al expresidente del Brasil Lula da Silva.
EE UU necesita continuar con la ofensiva que emprendieron hace unos años contra los gobiernos populares de la región, ambicionan desde hace años echarle mano al petróleo venezolano y necesitan contar incondicionalmente con América Latina para su confrontación estratégica con China. Y para todo eso el gobierno de Nicolás Maduro es una gran dificultad. Está muy claro que, por la historia de los gobiernos norteamericanos que promocionaron o apoyaron todos los gobiernos dictatoriales, la democracia no es de gran importancia.
Lamentablemente el gobierno argentino, sin velar por los intereses del país y de nuestro pueblo se suma al coro que repite y hace lo que le piden desde el Norte, continuando con su esfuerzo por desmembrar la integración regional y prestándose incondicionalmente a los intereses de los EE UU. Actuando contra el gobierno de Venezuela y tomando medidas que ningún gobierno en democracia se atrevió a tomar en nuestra historia. Y abriendo la posibilidad para una intervención militar. En fin, una vergüenza más que nos lega Mauricio Macri.

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